CULTURA

Exposición. Zaragoza trastocada



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La realidad es un concepto huidizo, impreciso y hasta opinable. Para fijar sobre el papel la realidad de las cosas sin interpretaciones literarias ni idealizaciones pictóricas, se inventó la fotografía, que reproduce “tal cual es” la imagen que la cámara –que no tiene alma ni intereses inconfesables- recoge de la realidad física que nos rodea. Podemos confiar pues en que la fotografía nos devuelve una visión objetiva de las cosas, sin las interferencias que nuestro cerebro, tan traicionero, proyecta sobre lo que ven nuestros ojos.
Sin embargo, viendo estas fotografías del grupo FOTOMANÍA sobre lugares de Zaragoza, nuestra certidumbre sobre la fiabilidad del reportaje se desmorona; tal parece que los monumentos, las fachadas, las esculturas y las iglesias se han dislocado y han permutado sus elementos, ofreciendo una desconcertante imagen de totum revolutum, como un canto surrealista al subjetivismo absoluto.
Estos fotógrafos aficionados salen a las calles de Zaragoza con sus cámaras y detectan (o imaginan) cualquier anomalía en un monumento, en una fachada, en un puente, en una plaza o sobre el césped de un parque.
Zaragoza es una ciudad de prodigios. Quizá el cierzo nos afecta al raciocinio y, ya lo escribió el ilustre de Fuendetodos, “el sueño de la razón produce monstruos”. Tal vez los días de niebla espesa, y sobre todo en las noches, las estatuas de la ciudad cambian su situación a lugares no habituales. Las portadas de los templos permutan su ubicación buscando una orientación más propicia, de la umbría a la solana, o viceversa, las esculturas intercambian sus pedestales, y el paisaje urbano queda trastocado aunque, al aclarar el día, los viandantes apresurados no se percaten de ello.
Sería fantástico (en todas sus acepciones) que El Batallador bajase desde El Cabezo y montase guardia en la puerta de La Aljafería, que El Justicia se apease de su escaño en la Plaza de Aragón y se acomodase en un banco con su brazo extendido y la palma abierta echando migas de pan a las palomas, mientras Cesaraugusto trepaba por el Monolito de la Plaza Europa para desde su cumbre otear el Ebro como una réplica del Colón del puerto de Barcelona…
Con esta exposición nos proponen un juego al modo de “Encuentre Vd. las siete diferencias”, para que el espectador, tras un primer momento de confusión, identifique qué elementos del paisaje urbano están “desubicados”, y de paso, contemple sosegadamente edificios y monumentos de la ciudad que habitualmente ya no vemos a fuerza de haberlos visto tantas veces. Levantando el faldón de la cartela de cada cuadro fotográfico, el espectador descubrirá, si no lo ha hecho ya antes por sí mismo, cuáles son las modificaciones y añadidos de la foto que la convierten en una instantánea imposible.
En cualquier caso, disfruten de esta imaginativa extravagancia de los fotógrafos de FOTOMANÍA.
  Dirigido aPúblico en general